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21.5.20

La actuación es un vínculo

 
 
Actuar es un vinculo. Pero como en la vida,  son excepcionales los  que habilitan un profundidad transformadora. Esos son los que queremos para  nuestra relaciones amorosas. La actuación, puede  tener vínculos con esa misma dimensión. 

Pero esta no parece una opción posible  en una época en la que la única referencia del ejercicio de nuestro arte es la que ofrece el mercado laboral.  Eso explica que una obra hecha  por actores desconocidos con una recaudación modesta,  maneje los mismos procedimientos, modos de exposición, presiones y expectativas que la obra más mediática  y comercial. Las condiciones  que principalmente nos reúnen y organizan, con o sin fama y dinero,  son las de producción y eficacia. Esto hace que nos resulte admisible actuar sin priorizar la profundidad del contacto vincular. La exacerbación de la palabra y el lucimiento de ideas, delatan un vínculo generado desde el aislamiento de la eficacia personal y el miedo al aburrimiento propio de  la industria del entretenimiento.
 
El arte de actuar no es una moral que condena el uso profesional de la actuación, sino una práctica que necesita pensar cómo evitar los obstáculos propios de su época. El mercado laboral nos enloquece a todos haciéndonos  creer que es la única, exclusiva y razonable posibilidad del ejercicio de nuestra actuación.  Sabiendo esto, luego nos queda pensar de qué manera nos brindamos una vinculación en la que nuestro cuerpo pueda vivir  una experiencia que no sufra la presión del éxito.

En su mas profunda dimensión vincular, actuar es ayudar a actuar. Ayudar a actuar es expandir al cuerpo que el otro tiene atrapado en su eficacia. Lo ayudamos dejando que nuestro cuerpo genere la actuación  que lo convoca. Ambos nos damos permiso habilitando el permiso del otro. El director allí es la mirada que habilita a que esa honestidad transformadora se haga ficción.  Esto en la vida se llama amor; la actuación puede tener  esa misma dimensión.
 
La intimidad que hace posible todo esto es la que abrimos al público. La abrimos porque compartiendo con nuestra comunidad el juego que libera nuestro cuerpo, festejamos la alegría de vivir. Los actores podemos ser anfitriones del disfrute de la libertad.




21.4.14

Che, n° 3

Che, el teatro podrá ser de muchas maneras, podrá ser incluso sin actores ni cuerpos perceptibles. De lo que quizás no pueda prescindir, si quiere afirmar la esencia de su especificidad y potencia, es que en ese lugar y momento en el que la gente está reunida, haya otro ser humano ahí presente, que con cada uno de sus actos, esté decidiendo cabalmente el proceso de la experiencia que conduce y comparte. Prescindiendo de esto, el teatro podrá ser de muchas maneras pero en todas se reducirá a una mera escenificación de la decisiones que donan u ordenan los actos de una potencia trascendente. La esencia del teatro sería entonces algo anterior a la discusión sobre la necesaria o prescindible tarea de un actor, la suficiente presencia de un cuerpo visible o ejecutor, o el estatuto de la palabra. La materialidad con la que interviene allí el gesto humano, del que procede la experiencia que se nos propone, puede ser la que sea; pero la potencia de su acontecimiento fundamental se juega y manifiesta en el carácter decisivo del acto de quien habita lo escénico. Así entendido, el teatro puede tener un parentesco más directo y profundo con un dijey o un surfista, que con lo que más comúnmente se llama teatro.

2.9.13

Diario de actor 3



En el último ensayo logre, por un rato,  ser el actor que, creemos, la obra necesita.  Vi llegar la aprobación y el festejo a la mirada que me acompaña en este proceso. Mientras actuaba me sorprendía, y esa sorpresa me disociaba percibiendo que mi voz y mi cuerpo eran de otro, que estaba haciendo aparecer a alguien allí, frente a mis directores, que se sintieron, quizás por primera vez, espectadores de nuestra obra. 

Que alegría inmensa. Sentí estar jugando bien el juego que estamos inventando. Juego en el que se superpone la escena y la vida; que me está forjando un cuerpo, una habilidad y fundamentalmente un temperamento. De hecho, cuando las reglas fueron surgiendo, a la vez que me resultaba halagador que esa operatoria emerja y se asocie posible en mi actuación, no podía evitar preguntarme si yo estaba a la altura del juego que se planteaba, o si estábamos todos en pedo. Son la ambición y el miedo disputándose cada milímetro de afirmación.

Evidentemente, una cosa es tener la habilidad y otra la decisión. El nivel de creencia que, en todo sentido, a veces  demanda y delega el lugar y el proceder de una obra, implica un trabajo íntimo y feroz. Quizás el verdadero desafío sea asumir con placer el poder que se nos habilita. Porque creo que con el público compartimos esencialmente eso: el poder que asumimos en el juego al que los invitamos, y el placer que nos da jugar con ellos.

Veremos qué pasa ahora que el público entro al ensayo por los ojos de la dirección y se sienta en las sillas vacías del estudio. Acá está, de nuevo la ambición y el miedo.

10.8.13

Diario de actor 2



Uno llega a los ensayos con el cuerpo y la voz que la vida le fue permitiendo tener. Con la imagen que, hasta el momento, el proceso de experiencias familiares, sociales, amorosas, laborales, sexuales, médicas, evolutivas, etc.  nos hizo ver y darnos.
Ya ensayando, nos puede pasar, como me ocurre, que  la mirada de la dirección vea en nuestro cuerpo otra imagen posible que, lejos de ser un matiz, proponga un replanteo dinámico y subjetivo. Es una mirada desafectada de los condicionamientos con los que nos configuramos, que  encuentra allí, donde siempre miramos, otra posibilidad de imagen que le propone a nuestro cuerpo ser a la vez más nuestro y del personaje.

Como una buena nueva, como la adivinación de algo inconfesable, como la confirmación de una hipótesis subversiva e indemostrable, la imagen propuesta parecería tener ya más derecho de ser, que la nuestra tal como la venimos llevando. Percibimos, ya sintiendo una convulsión  general inevitable, que allí puede haber una mayor comodidad, el fin de una resistencia y un pudor, el comienzo de una actuación más honesta.
Ya no hay retorno: ese personaje y el director comienzan a pedirle a ese cuerpo que funcione como si hubiera tenido experiencias que no tuvo,  que se viva de otra manera. "Más hombre", "más grave", "más panzón", "más simple", " más violento", “más lento”. Demandas de potencia a la latencia desenmascarada.

El ensayo se convirtió en el tiempo y espacio concreto que se dispone en la vida de esta persona/ actor para tener esa experiencia faltante, resistida, contenida, desconocida, secretamente deseada, o vaya uno a saber, que lo va a modificar al punto de que el propio cuerpo ya no volverá a ser llevado de la misma manera. Una experiencia por la que sufre la distancia inexpugnable entre el entender y ser, la angustiosa intemperie de ya estar afuera de lo que cuestionamos  y peleando para entrar donde nos prometimos llegar; pero que luego, con la llegada de un repentino placer desconocido,  nos hará tener más ganas estar con el cuerpo en el ensayo que en la vida. Allí se estarán habilitando permisos en la manera de sentirse que no son los que hicieron que la vida sea como fue  hasta allí. Comenzamos  entonces a  probar, parcial y secretamente en la vida misma, las modificaciones de un cuerpo que prepara su nueva imagen de si para lo que será el estreno. Estrenará un actor que se ha convertido en otro para hacer de otro.
No se me ocurre nada mejor para pedirle a esta actividad.

24.6.13

Diario de actor 1



Hoy me miré en el espejo y vi que ciertos gestos de mi cara han incluido unas ojeras incipientes. A la vez que sentí miedo, pensé, como si fuera dos personas distintas: "que bueno para actuar". En mis ensayos estoy tratando que el "copado" de sus ojeras aparezca cuando miro cierta medida, ya quizás irreductible, de mi panza. Si no, va a ser imposible actuar. Esta "superficialidad" que comparto, por ser justamente algo que se juega en la superficie de contacto percetivo con el público, sólo siendo asumido y afirmado como condición dinámica, significado social y valor mediático, habilita a lograr algo de lo que se suele llamar "profundo". Comparto esto porque intento elaborar junto a todos mis colegas cuarentones esta oportunidad única, que nos da la caída insoslayable de cualquier variante de ideal metrosexual, para comenzar a actuar con un cuerpo que si se anima a verse puede entender al fin cual es su peculiaridad, comodidad y potencia.
Si uno no logra estar en escena como está ante los ojos de la persona que ama, solo esta actuando que actua. Me digo algo tan severo porque realmente lo veo y lo creo y porque me quiero llevar con la cabeza a hasta la puerta de la actuación por la que solo entra el propio cuerpo. 
Mi admiración profunda para los que suelen entrar y todo mi aprecio para los que lo queremos hacer incluso fracasando.

Transcripto de:
https://www.facebook.com/alejandro.catalan.735/posts/372293009537803

14.5.13

Un gesto de Maravilla



Ensayo sobre lo que puede el gesto.





"Shakespeare dijo algo digno de mención. Uno no lo es­cucha muy seguido. Dijo: “No existe un arte que encuentre la construcción de la mente en la cara”, refiriéndose a que hay un arte de la poesía, la música, la danza, la arquitectura, la pintura, lo que sea. Pero encontrar las mentes de la gente por su cara, especialmente sus caras, es un arte, y no es re­conocido como tal." Marlon Brando.



Ya estamos muy acostumbrados a la caza de primeros planos en las contiendas deportivas. La industria del entretenimiento no puede desaprovechar la captura de esa fuente de acontecer humano que dimensiona la implicación subjetiva que adquiere cada jugada en los allí expuestos a su suerte. Acontecer que, además, puede que se inscriba y sume a una narración más grande, generada antes por otras cámaras, como historia y actualidad mediática del dueño de ese rostro. En ese caso nuestros ojos serán cazadores sutiles del gesto que se le escape a un rostro rompiendo el control de lo que le conveniente mostrar.
Los que vimos el combate “Maravilla vs. Chávez Jr.” participamos de una gran condensación de esta confluencia narrativa expresada en el gesto entre la “contienda deportiva” y “vida mediática”. El box, en este sentido, es un dispositivo privilegiado: tenemos siempre a los dos protagonistas en la imagen, mirándose y pegándose en la cara. Actuando para el otro, para el público y para la cámara. De hecho esta  lucha fue particularmente histriónica; ambos boxeadores se, y nos, hicieron gestos que jugaban decididamente dentro del Thriller psicológico en el que se había transformado la “vida mediática” ahora fundida con la “contienda deportiva”.  La pelea parecía el capítulo final de la primera temporada de una serie que nos fue atrapando hasta la dependencia. El ring era ahora el lugar en el que dos vidas contrastantes coincidían en la necesidad de convalidarse desacreditando a la otra.  Y el capítulo no podía comenzar mejor: el luchador pobre, tenaz, dotado, maduro, guapo, locuaz, inteligente y justiciero, estaba venciendo al luchador rico, hijo de papá, joven, arrogante, campeón y grandote. “Maravilla” Martínez, el protagonista,  conectaba golpes sobre Chávez en perfecta continuidad con el extraordinario monólogo que venían siendo sus apariciones televisivas. La cara de Chávez se deformaba y se convertía en la referencia material del proceso hacia un final pronosticable. Pero, como vimos,  en el último round, el mexicano logra meter unos golpes como él mismo no había recibido, y derriba a nuestro héroe haciendo suceda algo que ya se había olvidado como posibilidad. Cuando “Maravilla” Martínez, ya caído, se incorpora mínimamente y se sienta en la lona, le veremos una cara que nos pegará en los ojos más directa y contundentemente que todos los golpes que ya se habían visto. Esa cara será la contracara misma de todo lo que hasta allí se había narrado. Luego de un breve paso por la siempre horrenda expresión de quien, sin desmayarse, se ha ido de sí, logramos percibir su dramático retorno a la conciencia porque sobreviene un gesto que delata la dimensión subjetiva que toman las circunstancias en las que nuestro boxeador se reencuentra y reconoce. Describir su composición afectiva  sería reducirlo. Pero como espectador de esta historia, no dudo que en esos escasos e involuntarios fotogramas, vi a Maravilla reconocer que su vida estaba tomando el rumbo de la  peor escena que le podía suceder a su película; que temió que todo lo hecho, desde que se fue a España hasta hoy allí, sea el descomunal camino hacia la absoluta decepción y el principio de una condena al perpetuo sinsentido. En la cara de Sergio Martínez se parte su historia. Es el momento en el que, como en el flujo de un río, el acontecer narrativo se estrecha al tamaño de un rostro, porque su cause adquiere la profundidad de una grieta.

Su retorno a la pelea será entonces a otra pelea, “Maravilla” no vuelve a pelear con Chávez Jr., sale a pelear por algo que ya es su vida misma: su imagen. Debe mostrarse y mostrarnos una actitud de pelea que reduzca hasta donde más sea posible la dimensión narrativa del acontecimiento subjetivo que mostró a su  imagen presa de la derrota y el fracaso. Sale, entonces,  a pegarle a lo que le sucedió, a mostrarse y mostrarnos que eso que le vimos no fue tan real y significativo como pareció.
Pero lo que sucedió y dejó ver su rostro ya estaba impreso en nuestra percepción y cualquier cosa que hiciera, no haría más que mostrar y acentuar a aquello que se quiere negar. Aunque el acontecimiento haya sido tan ínfimo como los pocos segundos que hubo dese que se sentó en la lona hasta zambullirse en el barullo final de golpes, su gesto tuvo la pregnancia de una afectación en la que la cara, aquietada unos instantes entre la agitación general, muestra algo de lo que allí sucede que no puede ser contado por ninguna otra cosa que no sea su gesto.

“Vos ganaste por puntos, pero yo te vencí; por un instante te convertí en un niño perdido. Tus golpes deformaron mi cara, los míos, tu alma”, podría decir Chávez en el final de la adaptación teatral de esta historia. Adaptación en la que los procedimientos escénicos habituales llevarían a tema de diálogo lo que un gesto puede con su sola capacidad perforante. Porque si esta pelea y este rostro habilita pensar algo es, justamente, en el poder narrativo del rostro. Por un gesto “Maravilla” pasa del héroe heroico que podría haber sido, al héroe trágico que terminó siendo, aunque nada de lo que luego se dijo e hizo quiera dar cuenta de ello. Martínez ganó perdiendo o perdió ganando. Llegó finalmente a su negado y ambicionado cinturón de campeón, pagando el costo de verse y mostrar la cara de la derrota.

26.8.12

Marilú Marini

Ensayo sobre la experiencia de actuar.

                                                                                                                             Dedicado a Valeria Lois


Todavía sigo afectado por la actuación de Marilú Marini en "Las criadas". Salí diciéndome: “hay más arriba”. El techo de lo posible se me había vuelto a subir. Como si el tiempo me lo hubiese ido bajando como los párpados de quien se adormece, Marini me sobresaltó haciendo que mis ojos y oídos retomen un grado de actividad e importancia, que yo sabía que tenían, pero no recordaba hasta que punto. Porque si hay algo que esta actriz hace, es estimar y trabajar sobre los sentidos del publico. La frontalidad que se procura, sus pases de lo grande a lo chico y viceversa, los matices tonales que logra su voz, la estabilidad de su rostro, la actividad de su boca, la continuidad de su proceso subjetivo, en fin: la afirmación del vinculo perceptivo con el espectador como el lugar de su producción e intercambio. Ser espectador de Marini es quizás lo mas próximo a la experiencia que debe ser para ella misma actuar. Esa afirmación desmesurada e infrecuente del contacto quizás sea lo que explique el disfrute excepcional que se, y nos, depara en su despliegue. La veía actuar y pensaba: “¡Ahí esta! ¡Ahí esta el sentido de actuar mejor! ¡El disfrute! ¡No el éxito, que puede llegar sin siquiera rozar estas alturas e incluso ser un obstáculo! ¡El que actúa mejor disfruta mas!”

Y que es actuar mejor? Ahí estaba, ahí lo vi: es lograr mayor actualidad en el despliegue afirmando el contacto con el publico como zona y sentido ficcional del juego. El famoso “estar ahí”. “Estar ahí”, el de la experiencia Marini, que luego de la función, y pasados varios días, se me volvía una interrogación. Por un lado, me convalidó el pensamiento que voy forjando para acercar, en la práctica actoral, al cuerpo a esa experiencia; pero por otro, me hizo ver que, cuando sucede esto, obviamente, no es el desenlace de un encadenamiento lógico. Desde la experiencia Marini algo era efectivamente conocido y lógico, pero a la vez, algo en lo que sucedía, aparecía como más grande y fundamental. Me vi entonces empujado a volver a preguntarme lo esencial; pero me lo pregunté como publico, quizás porque alguien que actúa así no me permitió ni hizo que yo quiera ni pueda ser otra cosa que eso: espectador. Me pregunté: “¿De donde surge este disfrute? ¿Por qué quedé así? ¿Qué beneficio nos proporciona la experiencia de una actuación así? ¿Que nos da? ¿Que nos hace? Cuando luego de varios días me irrumpió una posible respuesta me estremecí. Sonreí solo. No se si la respuesta será exacta, pero si se que a esa actuación la honra, ya que al menos, explica su actuación como fenómeno del mundo posible e imposible de lo excepcional.

Yo pensaba que no había mejor referente para entender la actuación, como vinculo y contacto del actor con el publico, que el sexo. El contacto adquiere una dimensión táctil y sensorial. La piel del actor toca los ojos del público y la voz toca el oído. La superficie expresiva del actor estimula y manipula la percepción del espectador. Si entendemos la utilización de la voz en la escena de la manera que interviene en la situación sexual, resulta más admisible, muy por el contrario a la tendencia actual, hablar menos, mas lento, cálido, matizado y corto. Se hace más admisible, y esto es lo importante, no hablar, afirmar lo que se ve que pasa como algo permanente y narrativamente suficiente e incluso fundamental. Así se invierte la conducta escénica predominante, que se organiza en el decir, y pasamos a un fenómeno de constancia y manipulación visual en el que la voz se agrega sumándose al fenómeno y se va. Pero esta comparación, que tiene muchas derivaciones interesantes, ya había quedado reducida. La experiencia Marini me amplió cualitativamente la dimensión vincular del fenómeno. No sin temor a la cursilería que me genera decir el nombre de la nueva referencia, tengo que postular que el beneficio por el que me preguntaba al ver una actuación así, aquello que me dejó afectado e interrogado, no es ni más ni menos que el amor. Si, ya está.

Cuando la capacidad y la suerte nos permite conocer la experiencia del amor, sea en el vinculo que sea, podemos entender qué es mirar y escuchar a alguien realmente. El amor permite algo, que en cualquier otro vínculo, genera de inmediato una gran inquietud: que las miradas se posen tranquilas, descaradas y potenciadas. Curiosamente, el teatro lo habilita como convención, nos autoriza a mirar y escuchar a alguien, al actor, de manera explícita e ilimitada; pero muy excepcionalmente esto está apropiado desde la actuación, para convocar aun vínculo que, Marini mediante, adquiere la dimensión de una experiencia amorosa.

No es fácil. El teatro está presionado por el contexto mediático desde el que fatalmente se hace y se expone. Allí la actuación, como cualquier rubro, se juega por la eficacia que le ofrece al mercado de trabajo. Esto la hace temerosa y resistente a la incertidumbre que implica una experiencia de encuentro que la saque de la manera que ha encontrado para impactar en un vínculo de consumo. A esto sumémosle el apuro y la soledad actual del trabajo del actor, con directores que no tienen la capacidad de estimar y señalar los acontecimientos que hacen de la actuación la creación de una subjetividad, y entenderemos que es realmente muy difícil no actuar la publicidad de la propia actuación desalojando de entrada la invitación al encuentro. La actuación reducida al impacto, que provee la eficacia de un puñado de operaciones, puede ser exitosa, pero hace que se reduzca la dimensión humana de lo actuable por no contar con las herramientas y matices que solo se desarrollan arriesgándose a afirmar el encuentro perceptivo como condición del despliegue. Dentro de esa dinámica limitante del impacto, el disfrute es, en el mejor de los casos, reemplazado por la euforia. La euforia de la escena mediática: vidriera, impactos por doquier, valores culturales, atención de los medios y público de pie. Es muy común que los futbolistas y actores famosos tengan la necesidad de manifestar que su familia y amigos son además de lo más importante, su remanso, aquello que los conecta con otra cosa. Como si indirectamente estuvieran denunciando la impostura agotadora que parece necesaria en un mundo que paradójicamente depende de la capacidad de juego. Pero cuando en el juego está en juego la supervivencia en el mercado, ya nadie se divierte tanto y nada tiene sentido sin éxito.

Muy contrariamente a lo que le sucede por igual a actores famosos e ignotos, Marini perfora la escena mediática que su nombre, aunque su actuación fuera mediocre, podría generar como sentido previo y final de la experiencia. Marini no está efectista, no está famosa, no está cultural, no está ideológica, no está canchera, no está “cool”. Porque? Como? El amor es un laburazo, pero, a la vez, es un gran descanso del resto de la vida. El amor desaloja la medida social y mediática de lo que somos porque impone la intimidad de un intercambio en el que todo lo que no persigue interés queda abierto a la percepción y el intercambio. Marini pone en juego el amor en la situación escénica. La respuesta “mariluciana” seria una pregunta: ¿Por que tendría que surgir de mi algo que limite, niegue o se pavonee entre ustedes y yo, que somos lo mas importante que acá esta pasando, mis amores? ¿Cómo perderse la oportunidad de abrirme y que me amen de la misma manera que yo los amo porque los vivo y asumo como verdadero sentido de esta hora de vida?

Marini nos brinda la posibilidad de estar realmente con alguien, alguien que asume con absoluta plenitud y festejo nuestra presencia allí como portadores de ojos y oídos. Su actuación trae la obra a un presente compartido en el que respira con nosotros. Por eso nos ama, porque nuestra presencia la habilita a la posibilidad de generar una actualidad radical en sus actos, con el que nosotros nos sentimos estimados como publico de ese día, en cada instante, y ella, autorizada a ser por un rato la dueña del destino de nuestro corazón. Ambos pudiendo realmente compartir un tiempo y un espacio.
Marini no sale a escena, nos adentra en su imagen.
Marini no trabaja sobre el texto, trabaja su voz sobre el silencio que nos envuelve.
Marini no está sobre el escenario, se para en la continuación de nuestro suelo.

Cada vez que digo “andá a ver a Marini” estoy invitando a literalmente eso, a ver. Compruebo luego el efecto que tiene verla, en alguno de mis colegas, en los actores con los que trabajo, en mis actuales directores y obviamente en mi propia actuación. Todos queremos salir a actuar para descansar de este mundo; para vivir un momento más real; para disfrutar humildemente del tremendo poder que se nos delega.

Marini es actualmente una constelación milagrosa de talento, instrumento y experiencia. En esto último la edad no es un detalle cuando “experiencia” se asume como un concepto superador de carrera. Digamos que puede haber carreras exitosas sin una “experiencia” proporcional. En términos de “experiencia” la carrera es “proceso”. Y el proceso de actuación de un actor tiene como único norte de orientación de su pensamiento y su despliegue, el lograr una mayor capacidad de contacto. El proceso se va generando en la oportunidad u obstáculo que cada obra es para esa “experiencia” que se quiere acrecentar. Esta “experiencia” nunca es profesional, no busca ser eficaz, es artística, porque implica poner en cuestión los procedimientos que logro reconocer como límite y habilitar lo que presumo me proporcionará una mayor presencia y actualidad. En Marini, la edad, tiene el contundente beneficio de un proceso orientado en pos de está “experiencia” cuya oportunidad de profundización actual, son las funciones que está haciendo ahora.
En este sentido Zorzoli es el segundo término de la actuación que aquí pondero. En Marini confluyen las condiciones que antes enumeraba y otro milagroso elemento: mirada. Se ve una medida y un registro. Se ve un encuentro de actriz y director. Un director que fue ojos y oídos en los que se fue preparando la cita para nuestro encuentro y flechazo. Es probable que ambos se hayan mejorado mutuamente, es decir, procurado un mayor disfrute. Gracias.

Montevideo, 24 de agosto de 2012

18.9.09

Una gran actuación


 
Divos y payasos
Tenemos en este momento la oportunidad de ver dos excelentes actuaciones. Una es la de Julio Chávez en el programa semanal “Tratame bien” y otra es la de Luis Machín en la obra “La Pesca”. Son actuaciones que hacen hablar de actuación: “¿Viste lo que hace Chávez?” “¿Viste como está Machín?”. El trabajo de estos actores parece darle un sentido a nuestra expectación de la obra y el programa de TV que podemos suponer no tendría si ellos no estuvieran haciendo lo que hacen. Es justo decir también que tanto el programa como la obra generan condiciones prácticas que, de manera excepcional en el contexto práctico actual, favorecen y hacen posible el despliegue actoral que aquí exaltamos. Pero que en una práctica haya condiciones habilitantes no implica que haya necesariamente estos resultados. Estás actuaciones tiene un plus que en ambas ficciones logra, como dijimos, convertirse en el sentido de verlas. Y ya que son actuaciones que se “comentan” aprovechemos para pensarlas. ¿Cómo actúan estas actuaciones?



Chávez y Machín nos pueden servir para percibir cierta condición subjetiva que esgrimen algunos pocos actores. Me refiero a “condición subjetiva” porque intento señalar algo que hace a la personalidad actoral, al posicionamiento desde el que asume y produce el despliegue actoral. En este sentido, ambos actores nos permiten observar, dos rasgos heterogéneos y a la vez conjugados en su funcionamiento expresivo. Llamaremos a un rasgo “divo” y al otro “payaso”. Ambos nombres nos servirán para señalar dos modos en los que la actuación produce su sentido de estar, más allá y por encima de cualquier otro sentido que deba portar, encarnar, interpretar, opinar, romper, etc.

¿Qué es un “divo”?

Un “divo” es un actor capaz de asumir el contacto de su imagen con el público como el fenómeno principal. Dimensionemos bien esto: decimos “capaz” porque atribuirle una importancia “principal” al contacto de la propia imagen con el publico (o cámara), no es algo que todos lo actores puedan ni vislumbren posible. Que una actuación logre su organización principal por el apoderamiento de los sentidos del público, y no por lo que puede hacer a partir de lo que entiende posible desde el texto, personaje o técnica, no es algo habitual. Un divo se organiza principalmente en función de la atracción de ojos y oídos que tiene adelante; el resto de lo actores se organizan por lo que los sostiene de “atrás”, esto es: lo analizado, sabido, planificado o esperable como signos a producir. Ser un divo es relegar a un segundo lugar condiciones tales como el texto, el director, la técnica y la ideología, que suelen postularse y asumirse como siendo ellas las que proveen el fenómeno que alberga y da sentido al actor. El “divo”, por lo que dijimos, es un traidor involuntario de trascendencias, valores escénicos y cinematográficos. En su cuerpo, las condiciones que antes mencionamos, se convierten en componentes expresivos con los que variar y matizar una imagen que volverá al contacto encantador de los sentidos de su público. La imagen del divo es una fenómeno muy potente que, si bien se reconfigura (no siempre) respecto de la obra puntual en la que se implica, impone también, un amoldamiento de los otros rubros implicados en esa obra, película o programa, a las posibilidades singulares que su imagen despliega.
Un divo es un actor con una gran conciencia de su imagen y sus registros convenientes.
Claro que los divos no son necesariamente actores notables. Un divo puede ser una imagen poderosa en belleza, exotismo, personalidad, intensidad, rareza etc. afirmada en un gran narcisismo pero sin una gran capacidad de despliegue. El “divo” solo logra ser un “dios” capaz de producir el milagro de la existencia, cuando además de un narcisista incuantificable es en la misma medida un “payaso”.

¿Qué es un “payaso”?

Un payaso es un actor que es capaz de asumir el contacto del juego de su imagen con el público como el fenómeno principal. Resalto “juego” porque esta palabra abre otra lógica en una definición que, como en la anterior del “divo”, repite la cualidad decisiva del contacto sin intermediaciones.
El “payaso” a diferencia de otras figuras que intentan fundamentar la lógica actoral (el “santo” el “tribuno”, el “atleta”, etc.) pone el fundamento de la actuación en su autonomía. El payaso es el cuerpo que adquiere sentido escénico por sus propias maniobras. Las maniobras del payaso de circo son las de un ser que fracasa en lo que intenta haciéndose un mal a sí mismo u a otro. Chávez y Machín al igual que otros divos que además son actores notables, tiene del payaso la capacidad de encontrar en su expresión estos juegos pero al nivel de la subjetividad del ser que están inventando. En su imagen hacen perceptible de diferentes maneras el siguiente juego: el fracaso de lo que ese ser quiere mostrar de sí, al no poder ocultar lo que le pasa, sin registrar hasta que punto está quedando expuesto. Esta maniobra implica que el actor actúa la lucha entre lo que ese ser quiere contener y mostrar pero además algo que lo excede y solo adquiere sentido porque hay un público que lo percibe. Este quilombo subjetivo es una obra dentro de la obra; un contacto directo y actual con el público. Producir con la actuación la pulseada que hay en la subjetividad y a la vez lo que a esa subjetividad se le está escapando es “la maniobra”, la consumación de la unión de la tragedia y la comedia, el humor más alto y el patetismo más humano. Es crear existencia. Porque el payaso, como rasgo dinámico específico, hace de la actuación un juego que se manifiesta en la estimación y captura de lo que acontece en la pura actualidad del contacto con el público o la cámara. El “payaso” es un productor de actualidad, de presente. El público encuentra en la operatoria que proporciona su cuerpo el sentido de presenciar, de testificar el acontecer de lo irrepetible. Este maniobrar ofrece operaciones expresivas que si no ocurrieran, todo podría seguir con eficacia y entendimiento, pero al suceder y nosotros percibirlo, ese cuerpo se nos brinda como una entrada a la dimensión humana y precaria que implica estar viviendo ahora, allí eso que se cuenta. Nos permite creer que alguien está allí decidiendo en la incertidumbre de la punta de su vida un devenir que sabemos fijado.

Pero de la misma manera que con los “divos”, no todos los “payasos” son grandes actores. Un actor “payaso” puede ser un buen humorista con mucho despliegue histriónico pero con poca capacidad de administración y mesura en el manejo de una imagen vivida con gran inseguridad y desprecio.

Bien, ¿Cómo se conjugan estos rasgos heterogéneos en Machín y Chávez?

Machín o “¡¿Que está haciendo?!”
Machín es un ejemplo clarísimo del actor que nos hace percibir de manera inequívoca que él está allí para entrar en contacto con nosotros. El manejo de los ángulos de su cara y de las maniobras que hacen justificable y aprovechable su frontalidad son claves. Esto hecho sin la menor apelación cómplice, si no que buscado como estrategia para que los ojos del público no pierdan la continuidad del proceso subjetivo de su ser. Machín como buen “divo” juega a que su rostro tenga visibilidad como condición de la posibilidad de una actualización permanente del quilombo que es ser ese ser en ese instante. Micro o macro, no importa; si se trata de que el público esté adherido y lo siga, cualquier matiz es importante. El “payaso” se encarga de sumarle a su malabarismo subjetivo todos los elementos que entran a la actualidad de ese juego. No importa quien hable, no importa el supuesto nivel de importancia que, desde la organización de la obra, su momento parecería tener. Su actuación mantiene activo un proceso en el ser que actúa, más constante, abundante y presente que lo que la obra parecería exigir. De esta manera Machín se encarga de generarse una continuidad acumulativa que va de manera paralela y colaborativa con el desarrollo general del relato. Su actuación es un camino por el que la obra avanza.

Quizás este enunciado resuma lo anterior: Machín pone la obra en su cuerpo y no el cuerpo en la obra. Esto también explica otro aspecto de su participación: en la obra de su cuerpo, el juego de su visualidad y sonoridad hace que el relato escénico tome el rumbo que encadena su expresión. Allí la obra sigue pero radicalmente presentificada por un despliegue específicamente actoral. Nada de esto resulta una pavada ni una simple payasada cómplice: el tejido ficcional sigue intacto, el que payasea es un “payaso dramático”; en él la dimensión subjetiva de lo que sucede, no solo que no es abandonada sino que, muy por el contrario, es insospechablemente enriquecida y amplificada. Al ver algunas maniobras de Machín sucede que uno disfruta y a la vez se pregunta “¿Cómo se anima?” La respuesta está en el forjamiento subjetivo que intento transmitir. Pero la pregunta surge porque su cuerpo tomó un camino solo autorizado por lo que él fue viendo posible en lo que concretamente fue haciendo su cuerpo para llevarnos. Machín muestra como la ficción actoral tiene una lógica que la actuación misma configura y despliega. Entonces presenciamos actuación, recorridos solo generables desde la actuación y solo sostenidos en la voluntad de hacernos creer. Como espectadores somos conducidos al disfrute de lo que solo tiene sentido porque logró suceder. Alguien se animo a llevarnos por donde es impensable, impremeditable e injustificable que haya camino. Machín nos lleva al teatro.


Chávez o “¡¿Viste eso?!”
La imagen de Chávez es una constelación de datos bien asumidos y configurados. Ninguno de estos datos, ni su reunión concreta, estarían objetivamente aproximados a un ideal de belleza. Pero en él lo que activa el contacto con la mirada es una connotación proveniente del “divo” que calibra de manera prodigiosa esos datos, su peso y su energía y generan una valoración contraria a la objetividad de su descripción: la sensualidad. La sensualidad es el calibrador por excelencia de las cantidades y tamaños de las operaciones que genera la expresión. La sensualidad asume el trabajo sobre los sentidos y se dedica allí a generarse y favorecerse ante ellos sin traicionarse por lo mucho o lo poco. Chávez trabaja con esa calidad de contacto. Entonces es incorrecto decir que “trabaja” porque en él el trabajo de actuar se convierte en un dato que no suele invadir su tejido ficcional. La sensualidad lo convierte a Chávez en un gran anfitrión de nuestro acceso a su cuerpo. Allí hay una imagen que se asume y autofesteja las posibilidades ficcionales que le brinda los valores sociales y referencias que desprende. Más allá de cómo sea su relación personal y social con su imagen, ficcionalmente esa imagen se afirma crudamente, sin masoquismo (ya que eso produciría solo un payaso) ni idealización (cosa que produciría solo un divo). Parecería ser condición de sensualidad el estar amigado con lo de uno y dejar que sea lo que puede. Parecería difícil también pensar una calidad de contacto mejor para la actuación que la sensualidad.

El calibramiento corporal que describo puede verse claramente en su uso que Chávez hace de las manos. Son una fuente de acontecer subjetivo tan importante como su rostro. Ambas zonas trabajan juntas y compuestas. Pero ambas zonas a demás de estar afectadas de lo mismo y en igual medida plantean una diferencia patética y cómica en la que las manos aparecen, tanto respecto del propio cuerpo como del de los otros, generando una conducta en la que se hace perceptible, además de lo que le pasa, lo que le quiere o quisiera hacer a lo que sucede. Las manos se escapan, auxilian, descargan, disimulan, contienen. Son las manos de un cuerpo mucho más ancho que el andarivel de las palabras o los “sentimientos”. Son las manos de un cuerpo “suelto” donde las partes están cerca y separadas a la vez. En esa fluidez que logra su juego, Chávez, como “payaso” está atento a ciertas “ridiculeces” gestuales y sonoras que asocia su expresión y él captura y despliega. En esas ridiculeces se acrecienta cualitativamente el grado de realidad que genera su ficción. Son “exuberancias” que permiten que la existencia de ese ser exceda en acontecimientos “lo que sucede” para que prevalezca “lo que le sucede”. De esta manera, la dimensión subjetiva del habitante de lo que sucede está más densificada que lo que se reconoce como “situación”. Chávez con el fin de dar vida a su ser nos cosquillea pequeña y constantemente el ojo y el oído habilitándonos una entrada perceptiva a lo que sucede, siempre más rica y compleja que la simple comprensión, en pos del ofrecimiento de algo más precario, complejo y mágico: la creencia.


Mirada


Ambos actores comparten también en el lucimiento de estas actuaciones una condición de posibilidad. Al principio decíamos que tanto el programa como la obra generaban condiciones prácticas que posibilitaban este despliegue. Si no, tendríamos dos actores que se notan muy buenos pero no grandes actuaciones. Ninguna actuación logra descollar si no contó con una mirada que le funcione como aporte configurante de su despliegue. Aclaremos que ninguna mirada puede preveer lo que se manifiesta como una secuencia bien actuada; pero ningún actor, por más capacidad de registro que tenga, se va a ver como lo puede ver una mirada que sabe mirar, además del estimulo y tranquilidad incuantificable que eso puede proveer. El dispositivo actoral creador tiene dos términos. Esto es una verdad triste porque no es lo que suele suceder. Los actores se arreglan solos y hacen lo que pueden solos, cosa que entraña el límite de hacer lo que ya conozco, siendo ya quizás poco, en las condiciones que se ejerce la actuación, lo que pude conocer de mis despliegues posibles antes de cristalizarme en alguna eficacia. La actuación, habitualmente, se convierte en una apuesta con un grado de incertidumbre insoportable que se convalidará o no, frente al público. Ningún proceso. Ningún arte.
Tanto Machín como Chávez son en la excelencia de su despliegue pruebas de lo que es la actuación como encuentro de un cuerpo y una mirada. El plus que señalamos en las actuaciones que abordamos, depende también de la presencia del otro témino, que en este caso lleva los nombres de Bartis y Barone. Miradas que viven como merito propio lo que la actuación puede lograr allí. Que promueve esta posibilidad como cualidad práctica de la obra. Que incluso la demanda como presunción de potencia en los cuerpos que mira. Que además de lo anterior, y aquí lo más milagroso, quiere y puede lidiar y atrapar la aparición de esta ficcionalidad. Miradas hay poquísimas.
Nos ocupamos a través de la figura del “divo y del “payaso”, y la actuación de Chávez y Machín, de aproximarnos a la dinámica subjetiva que podemos percibir como condición de un buen actor y su concreto funcionamiento. Nos quedará pendiente aquí, la definición tentativa de los rasgos subjetivos que forjan la mirada o director o coach que trafica con la potencia de los actores. La historia de las grandes actuaciones de los grandes actores es una historia de grandes dúos de trabajo. Disfrutemos hoy de estos dos ejemplos.

7.8.09

Vuelta de los solos


Con esta vuelta de los solos sucede algo que si bien es sabido aparece más acentuado. Sería esto: siempre festejamos y remarcamos la aparición de solos nuevos (que por cierto se agregan unos buenísimos) pero en esta vuelta es muy sorprendente la renovación de los solos ya existentes. Quizás el tamaño que adquiere la sorpresa tenga que ver con cierto temor del que partió esta vez el trabajo, ya que "los años", que son excusa de promoción mediática, también son peso histórico para sus protagonistas. Pero como podría no haber sorpresa alguna, y la hay, la vuelta me dio alegría, cosas para pensar y deseo compartir ambas cosas.
El “mantenimiento” de los solos o el “boxes”, como solemos llamarlo, es algo habitual. Allí se plantean revisaciones de cosas que están raras en pos de estímulos, pautas y comprensiones nuevas que lo viavilicen, cambien o revivifiquen. Cada una de estas intervenciones, que pueden ser incluso una charla anterior o posterior a hacerlo, van generando mutaciones en la dinámica del solo. Pero el parate de una temporada a otra da la posibilidad de intervenir más radicalmente. Allí juegan dos cosas: por un lado hay que reestimular el contacto con el material. Si no hay una variante expresiva desde la que reabordar su actuación, el solo queda planteado como una recuperación memorística, un compendio secuenciado de todas sus eficacias comprobadas. En consecuencia se ausenta el margen de incertidumbre en el que trabaja la decisión y la apuesta actoral que en actualidad descubre y produce la fluidez del proceso de hacerlo. A algunos les gusta surfear a otros nos gusta actuar. Ambos gozamos con la fluidez, con el ir vislumbrando en el caos puntos que unidos desde nosotros se hacen camino y caminante. La magia de ver que alguien avanza sobre el agua con su tabla es parecida a ver que alguien avance sobre la realidad con su ficción. Hay que renovar el oleaje.
Por otro lado, el actor que actúa el solo, habiendo adquirido la habilidad que pedía la instancia anterior, está en condiciones de emprender nuevos desafíos operacionales. Si el solo le permite ponerse a prueba de nuevo, el solo es algo que, en este aspecto, tiene sentido hacer. En esta vuelta se nos hizo muy claro el desafío que cada solo “viejo” tiene por delante. Está nueva frecuencia expresiva y operacional que se les plantea tiene como condición de posibilidad que los actores estén más fuertes y deseantes en el contacto con el público. La profundización de un solo y de cualquier actuación en general consiste en sacar todo eso que indecididamente aparece como automatismo de eficacia, síntoma de inseguridad, o, en suma, como manera indecidida de soportar el contacto con la mirada. Eso solo se saca proponiendo otra manera de jugar (otra imagen para ese cuerpo) que para hacerla posible deba apelar a operaciones en cuyo despliegue se descubra ofreciéndose de otra manera y desalojando a la manera de jugar que tenía hasta el momento. Los cambios de vestuario de algunos solos dan cuenta y acompañan un cambio más amplio en la manera en que ese cuerpo se está pudiendo vincular con su piel y la mirada.
Ya es conocida la idea de que algo tiene sentido subjetivo cuando permite cambiar. Es muy claro terminar una obra porque el desafío que se vislumbra como continuidad de mi proceso actoral no puede ser desplegado en ella. Lo que comienzo a tener ganas de hacer actuable para mí, necesita generar otra dinámica, otra obra. Y eso es algo que no siempre es posible. En este sentido “los solos” son muy generosos. Nos han permitido cambiar mucho en estos años y seguir sintiendo nervios e incertidumbre. Salir a actuar el solo es algo que objetivamente se ve osado y es muy ponderado: un actor que despliega lo suyo sin tener de donde agarrarse que no sea pegarse en los ojos y los oídos del público. Lo que nosotros sabemos es que lo que ese actor tiene de subjetivamente osado, es algo que si bien no se sabe, se persive y disfruta en energía y ficcionalidad: ese actor, allí en la tarima, está descubriendo posibilidades, está volviendo a compartir decisiones, en suma: se está cambiando. Un abrazo para los que pasaron, los que llegaron y los que estábamos. Vamos de nuevo.

7.1.09

Reflexiones sobre el trabajo

Esta es una edición y ordenamiento de las reflexiones hechas por los actores que participaron de un seminario que dicté en la Sala Beckett de Barcelona.


SOBRE EL SEMINARIO EN GENERAL

- La verdad es que me he llevado a casa una maleta llena de herramientas para trabajar y que serán muy útiles para seguir con mi trabajo de actriz y también para el de cantante. Uf,... en resumen: tengo la fantástica sensación de no haber perdido ni un sólo segundoestos días (cosa que no siempre puedo afirmar tan rotundamente). He cargado las pilashasta arriba aunque me pareció muy corto. Terminó siendo un juego. Un juego inteligente, interesante y muy divertido. Elena Martinel Vilata

- Bien, vayamos al tema. El curso, como tal. La verdad es que me pareció una buena estructura para solo los cinco días que tuvimos. El desarrollo de tu forma de ver la expresión corporal del actor pienso que llega, y que como tu dijiste, se trataba de conocer algo que no habíamos visto antes. Pues si, en estos cinco días se transmite y sales con un buen material para poder tener otro punto de vista como técnica actoral y poder utilizarla de ahora en adelante.
Como ya te comenté en la última charla, lo que a mí me ha quedado es el poder tener conciencia de uno mismo sin juzgarse!! El hecho de tomar conciencia en todo momento de lo que estamos haciendo, con nuestra cara, nuestras manos, los labios....todo gracias a estos ojos que tenemos del espectador y sabiendo que actuamos para ellos en todo momento y que tratamos de retenerlos en nosotros... A mí me abre esta nueva puerta: la de poder escucharme sin juzgarme...Gracias!! Oriol Ruiz Llovera

- Me gustó tu seminario, por lo productivo de sus herramientas, por colocar al actor/actriz en el púlpito que se merece, por dar autoconfianza, por la dimensión y dilatación de los resultados, por trabajar con una energía ingeniosa y delicada.Recuerdo en un curso Yoshi Oida como teníamos que encontrar nuestro jo-ha-kyu. He encontrado en este seminario algunas similitudes en cuanto a equilibrar la oposición entre las fuerzas que se desarrollan y las fuerzas que nos retienen, disfrutar de la fuerza que se libera y buscar nuevas resistencias.Creo que nos has dado muchas claves para trabajar con nuestra energía sobre el espacio, de sentirnos dilatados (recuerdo el trabajo sobre nuestra piel, por ejemplo) y por lo tanto de crear presencia escénica.Eisenstein podría decir lo mismo que decía sobre el teatro japonés al observar la intensidad de tu seminario: "oímos el movimiento" y "vemos el sonido". Xavi Lite

- La valoración que he hecho del curso es muy positiva. A nivel personal porque hace tiempo que no trabajo y por tanto me ha colocado la autoestima donde debe estar. Gracias. Y a nivel artístico porque nos ofreciste un nuevo camino a explorar, que potencia la riqueza de matices y el control de aquello que estamos mostrando.Al principio -las dos primeras horas- resultó complicado seguirte pero con las prácticas resultó de lo más estimulante. Los ejercicios que propusiste para potenciar la visualidad eran juego puro y duro, algo que creo que es indisociable al hecho de actuar, y que muchas veces, lamentablemente, se olvida. Para mí actuar es jugar a ser, participar con toda la carne en el asador en una situación ficticia y hacer creer al público que eso es verdad,... pero es un juego donde pasarlo bien dejando de lado las cargas psicológicas perniciosas. Actuar es como abrir la puerta del país de la maravillas, cruzarla y jugar con las normas que rigen ese mundo fantástico; eso sí, cuando acabas vuelves a salir por la misma puerta. Ton Gras


PIEL

- Me sirvió muchísimo la imagen de "trabajar con mi piel". La piel que moldea cada músculo, cada hueso de mi cuerpo para terminar adhiriéndose al público.Esto hacía que pudiera trabajar estando muy pendiente de mí misma, siempre dentro pero nunca aislada o cerrada sólo en mí, si no al mismo tiempo abierta a los estímulos que me rodean (sean mis compañeros de escena, como el público,...) siempre receptiva, en constante escucha. Esto me ha proporcionado una especie de independencia o seguridad en mis propios recursos, especialmente útil y muy buena para trabajar. Elena Martinel Vilata

- Pensar en MI PIEL me ofrecía un lugar donde concentrarme y olvidarme del resto.Poco a poco vinieron más pautas. Ya entiendo, se trata de llevar la atención a lugares que me dejan más EXPUESTA pero nunca desnuda, por que siempre tengo trabajo que hacer. Sentir MI CUERPO como LUGAR DONDE MIRAR lo que le sucede a un ser, lo aleja de mi, al mismo tiempo que me hace tomar conciencia de lo que hago con él, al mismo tiempo que me hace aprovechar mis recursos expresivos. Paula Herrando


MIRADA, COACH, “PUBLICO QUE HABLA”

- Me sirvió también mucho (y no quiero dejar de destacar) el ejercicio constante de hacer de "público que habla" e intenta ayudar o guiar al compañero que trabaja. Esto era especialmente complicado para mí, me pareció muy difícil pero a la vez me hacía ver en los demás muchas cosas de mi propio funcionamiento. Elena Martinel Vilata
- Fue excelente también el trabajo (o el intercambio) que hacías tú desde fuera.Personalmente, sentí en todo momento una total confianza en él. Así fuí notando poco a poco como pasé de dejarme llevar por unas indicaciones, a empezar a jugar con mi material y el de los demás como yo quería, disfrutándolo muchísimo. Elena Martinel Vilata

- De otro lado, y desde un punto de vista, por decirlo de una forma, externo a un mismo, también saco un par de conclusiones. La primera es el tema del coaching, y es que aunque tu dijeses que lo hiciéramos nosotros (y terminabas tu haciéndolo), tu experiencia, hacía dirigir la improvisación por caminos cojonudos y muy altos emocionalmente. Así que estos ojos externos en el momento que te dirigen, son, creo, muy importantes y marcan la diferencia. La segunda es la pareja con la que trabajas. De nuevo pienso que es también muy importante, ya que cuando buscas en el otro el desarrollo de ti mismo y el fluir en la impro, el juego que se crea depende mucho del feeling que aparece ( y está claro que como buen actor debemos alimentarnos de lo que sea que haya, no es excusa). Pero, tal y como yo le he vivido creo que el juego puede variar bastante a partir de esta variable. Oriol Ruiz Llovera

- Lo que me intereso más fue trabajar con la perspectiva que propones: la del espectador. El ser conscientes, jugar con el donde queremos que mire el espectador. Eso te da otra visión y punto de partida más sereno, y más tranquilizador. Cómo que puedes controlar y dirigir mas lo que quieres que pase y que miren… Meritxell


CONTACTO ENTRE LOS ACTORES, ESCUCHA, INTERMAODIFICACIÓN

- Partes de ti, añades la enorme ESCUCHA que te pide tu compañero y asumes la situación que entre los dos habéis creado. La escucha tiene el riesgo de quedarte vendido a la mirada de tu compañero o quedar absorto en una Falsa concentración que te hace perder la frescura e incluso la capacidad de reacción. Nada de esto ha sucedido al trabajar así. Se generaba un grado de escucha altísimo, pero era una escucha de cuerpos, de ser consecuente con lo acaba de acontecer. Aparece aquello que buscaba: PRESENTE. Paula Herrando

-De aquí destacaría también una sensación que ya comentaron algunos de mis compañeros en clase; la extraordinaria percepción que puedes tener de tus compañeros de escena, sin apenas verlos, solo con un suspiro, un movimiento pequeño de los músculos de su espalda, una respiración, un tono de voz,... todo impacta en tí y se suma a tu propio material para seguir.Confiando en esto, era más "fácil" que la cabeza no interviniera. Elena Martinel Vilata

- El trabajar con otros para alimentarse un mismo, es algo con lo que yo ya trabajaba con la técnica maysner (supongo que la conoces), así que con esto he podido seguir trabajando en la línea que a mi va bien. Pero la verdad, es que añadir este espectador, creo que me podrá ayudar a subir el nivel de atención de mi mismo en el momento de actuar. Oriol Ruiz Llovera


ORGANOS EXPRESIVOS

- Me he dado cuenta de la importancia de las manos, dedos y su relación con los ojos. Carmela Lloret

- Me pareció muy interesante la idea de concentrarnos y concientizarnos del triángulo formado por cara y manos. Creo así mismo que sería muy interesante trabajar toda la expresión de los pies de la misma forma en como se trabajan, por ejemplo, las manos. Sobre todo desde un punto de vista de entrenamiento actoral. Y subir esa energía hacia el resto del cuerpo. Xavi Lite

- El partir desde la forma, y que esto te lleve a la emoción, es otro camino que yo personalmente no estoy muy acostumbrada a hacer. Y por el contrario lo encontré más divertido. La contradicción expresiva en una misma cara, era muy fuerte. Trabajar estos pequeños matices de expresión que a su vez dan una inmensidad y lo hacen mucho más interesante para el espectador. El ser consciente que con muy poco cambio expresivo estas mostrando mucho, y que lo puedes controlar… Esto te lleva a otro punto de mira de interpretación que incluso puede ser más creativo. Y que complementado con todo, claro ya es total. Meritxell


LA VOZ

- Pensar que MI VOZ es un elemento más que AÑADE EXPRESIÓN A MI VISUALIDAD favorece a que mi voz salga desde donde estoy, evita que yo la coloque en cualquier otro sitio, por tanto no solo evita que me haga daño con ella sino que gana organicidad, riqueza, matices, me lleva a dinámicas distintas y me digo “¿esta es mi voz?”. Paula Herrando

- Capítulo aparte merece la sonoridad. Visualidad y sonoridad al unísono. El truco está en estar totalmente relajado y no pensar en lo que vas a decir. Pero siempre piensas antes de abrir la boca y aquí es donde lo pifiamos. En el curso escuche voces fantásticas, reales, que salían del estómago, incluso experimenté en mi persona momentos que dije, coño, qué de verdad. Cómo poder hacer eso con una obra o guión ya escritos sin pensar lo que tienes que decir. Lo practicaré. Ton Gras


PROCESO, RECORRIDO

- Los ejercicios eran muy claros y muy válidos para mostrarte todo el "recorrido" a seguir. Un recorrido o "camino" sin cortes, con paradas, con acelerones, pero sin cortes; siempre como tirando de un hilo. Elena Martinel Vilata

- Estar concentrada en el PROCESO evita que piense en la meta, en el final. Me parece que este es una gran hallazgo para mi. Como no pretendo, no me impongo, llegar a ningún sitio, por fin puedo disfrutar del camino. Y de nuevo aparece la sorpresa. Si decido yo donde hay que llegar, antes de empezar, siempre iré a lugares conocidos. Al encontrarme “rumbo a ninguna parte” acabo llegando o pasando por lugares nuevos, lugares sorprendentes.Para mi existe un TRIANGULO peligroso que no terminaba de organizar, respecto a desde dónde trabajar para lograr estar en PRESENTE ABSOLUTO. Desde mi, desde el otro, desde lo que sucede.Con estas pautas he logrado trabajar en ese equilibrio. Sin ningún esfuerzo estaba trabajando desde los tres sitios a la vez. Tal vez en mi próxima experiencia profesional, al no trabajar desde esta dinámica, no logre recuperar este equilibrio y tal vez alguno de los tres “desde” ande un poco cojo, pero estoy segura que con entrenamiento, o en su defecto, con la intención de que ese equilibrio perdure, poco a poco lo iré logrando. Por que creo que haberlo detectado es todo un logro. Paula Herrando


CLíNICA, PROBLEMÁTICAS INDIVIDUALES

-Llevo un tiempo tratando de llevar mi manera de encarar el trabajo a un terreno más consciente, más despreocupada, más presente, más desobediente, más verdadero, más creíble, más honesto, más teatral, más instintivo.Venía de un lugar muy responsable, muy escolar, muy frágil, muy inconsciente, por tanto muchas veces irrecuperable, muy tímido pero grande de gestualidad por miedo a no estar trabajando, y esto generaba en mi cuerpo mucha tensión que impedía que mi voz saliese.Estoy empezando a reconocer muchas cosas de mi trabajo y del trabajo que yo quiero hacer. Siento que no estoy lejos pero que tengo que ir adquiriendo las herramientas que necesito.Mi cabeza tenía sometido a mi cuerpo y por eso me acerqué a vosotros. Paula Herrando

- En cuanto a lo clínico, siempre he sentido como una dicotomía entre la Paula de cinco años y la Paula de cuarenta. Mi inercia me lleva a la de cinco años y si me esfuerzo en que salga la de cuarenta, la siento ajena, muy lejos de mi. Desde “Paris Hilton” he encontrado el lugar ideal para no ser ni la de cinco, ni la de cuarenta, sino la de veinticinco, la que soy. Con mi ingenuidad y mi madurez, con mi fragilidad y mi seguridad. “Paris” potencia mi feminidad, rasgo que poseo (aunque solo sea por las curvas que tiene mi cuerpo) y que yo trato de esconder por vergüenza, pudor o vete tu a saber porque. Paula Herrando

- A nivel más personal, el curso lo he podido aprovechar muchísimo. He sacado, aparte de lo ya comentado, un objetivo clarísimo, el control de mi energía. Darme cuenta que no me hace falta ser tan explícito ni querer explicar demasiado, ya que con mucho menos ya se transmite, confiar en que un mínimo reojo, muchas veces puede ser más poderoso que un golpe encima de la mesa! Y la verdad es que a mí esto me ha ido de maravilla, porque tengo mucha energía y entre otras cosas, en el teatro, me gusta sacarla........pero, tengo que focalizarla, y si me la quedo dentro probablemente transmita mucho más. Es por aquí en lo que me gustaría seguir adelante en tu proceso. Oriol Ruiz Llovera

- Personalmente creo que tiendo a sobreactuar y a veces me cuesta aplicar la máxima "menos es más", por eso es tan importante para mí la figura de un coach o director. Ese coach no siempre lo encontramos en los trabajos que nos ofrecen y, a veces, los directores son unos guías pésimos, ni siquiera te dicen nada. Tal vez es un error mío y debería, escucharme. Siempre he huido de "verme desde fuera", considero que no es bueno pues te cortas las alas y no te lanzas. ¿Dónde está pues el equilibrio entre la conciencia de lo que muestras y el verte desde fuera? Ton Gras

(No creo que sea un cuestión de equilibrio. Si “lo que ve de afuera” es la lectura de lo que estás mostrando para seguir el proceso, no hay problemas ya que ese es el “vuelo” y ya estás “lanzado”. Si no es así, y es una mirada cuestionadora o desacreditadora de la posibilidad del que el juego se afirme en su potencia ficcional; es una mirada de mierda).


COMPRENCIONES Y REFLECCIONES GENERALES

- La verdad emocional por encima de la verdad argumental, olvidarse de explicar el personaje o el argumento y sí lo que te está pasando a nivel emocional, más una exposición que una exhibición, el actor como pieza para hacer eficaz un juego...todo esto y más es lo que hasta ahora he sentido como clave en la actuación. Carmela Lloret

-He confirmado en otros y experimentado en mi, la potencia y la capacidad ficcional que tiene el cuerpo. Que arrastra a las emociones y a la voz. La fisicalidad de la que hablabamos. Carmela Lloret

-Ofrece una autonomía en los actores y actrices muy preciosa. Carmela Lloret

-El humor y el placer que aparece en la actuación. Personalmente me encontré siendo cómica y me sentí fantástica. Se que es una parte mía, pero el drama a veces me puede. Carmela Lloret

- A parte de todo esto, creo que a nivel general, del curso, también hemos trabajado desde lo mínimo. Has hecho que siempre fuera todo menos, que nunca hiciéramos más de lo necesario...y también me ha sorprendido. Entiendo que es una forma para trabajar tu técnica (o forma de entender la actuación), es decir, una manera desde la cual podemos subir la atención en nosotros mismos, ya que luego estando en el escenario o delante de una cámara muchas veces no estaremos actuando tal y como hemos hecho en el curso...Así pues, lo veo como un punto de partida para el trabajo a realizar durante el entrenamiento. Oriol Ruiz Llovera




PREGUNTAS y RESPUESTAS

- Entiendo que hay un imaginario actoral propio de cada cuerpo, pero, ¿quiere decir esto que siempre tiene que ser el mismo? o puede ir transformándose con el tiempo. O sea, me tengo que quedar sólo con esos personajes-historias-emociones que salen "fáciles" por mi físico.. Carmela Lloret

El imaginario expresivo de cada cuerpo es algo que a veces se presenta fácilmente y otras veces hay que destrabar porque ese cuerpo hace cosas que lo desencuentra con su imagen y las dinámicas que le convienen. En este sentido, cada cuerpo tiene ciertas condiciones dinámicas que le son favorables y que están presentes en su actuación sin que por eso los “personajes” vayan a ser los mismos. Si se va reconocer, al igual que en un pintor, un trazo particular. El tiempo y las buenas experiencias cambian o enriquecen las posibilidades expresivas de los cuerpos.

- Cuando tienes un texto, lo escribes o lo tomas prestado, ¿cómo encaras su trabajo?, desde la poética singular de cada cuerpo, desde la eficacia del procedimiento de la obra (Daulte), desde el texto... Carmela Lloret

Desde la perspectiva que trabajamos, la expresión del actor (el juego de su visualidad y sonoridad) deberán apropiarse del texto e integrarlo hasta donde más pueda al proceso de acontecimientos expresivos que hagan de las palabras a decir una necesidad de lo que se ve. Hasta donde más pueda, el texto debe aparecer en mi voz como algo que se suma a un proceso anterior y más abundante en acontecimientos que es mi visualidad. Mi voz, componiendo con mi visualidad debe ser algo que no “dice” el texto, si no, que lo “va diciendo” desde el trabajo de lo que se ve.

- ¿Puede pasar que al pensar al actor como escenario y su cuerpo dónde se produce el acontecer de la acción escénica, el público pierda el hilo de lo que se quiere contar...? Carmela Lloret

No. En todo caso se contarán algunas cosas más de la problemática subjetiva del habitante implicado en aquello que “se quiere contar”. Es tratar que en el cuerpo del actor halla acontecimientos específicos del cuerpo además de los que tiene que haber por determinación dramatúrgica. Es tratar de producir mayor humanidad, es decir, mejor actuación.

- Me pregunto si esa riqueza de matices y esa evolución "surrealista" conseguida en algunas de las improvisaciones se podrían conseguir sin la ayuda de un coach. A veces cuando empezaba la improvisación no sabía ni siquiera qué estaba proponiendo, el gesto era tan mínimo que ni siquiera era consciente de lo que estaba gestando. ¿Es una percepción de inconsciencia personal o suele ocurrir? La verdad es que con este tipo de ejercicios confías plenamente tanto en tu coach porqué es él quien ve lo que muestras, como en tu compañero de improvisación - aunque no lo veas pero sí lo sientes-. Tal vez el hecho de no verlo te ayuda a sentirlo de otra manera, otra de las experiencias gratificantes del curso: sentir más al compañero que verlo. Ton Gras

El coach (la mirada extena) es un término fundamental en la producción de recorrido expresivo. El actor es el que va capturando e inventando los efectos expresivos de lo que se va haciendo; el coach es aquel que puede ayudar a estimar y administrar lo que en ese trabajo se va haciendo perceptible. La creación es conjunta. Es cierto que la experiencia en el trabajo le va dando al actor más capacidad de lectura y decisión, pero esto nunca hace al coach innecesario todo lo contrario, el vínculo se profundiza. Que el actor deba actualmente arreglárselas bastante solo es un problema de época ligado a la pérdida de vigencia de las formas escénicas y técnicas como referencia de organización del actor y del vínculo entre este y el director. Por eso me importa que se conozcan y se vean.


REFLEXIONES A PARTIR DEL TRABAJO

- Yo casi siempre he aprendido más mirando que haciendo (soy joven y claro he mirado más que hecho, pero... aun así). Y me doy cuenta que los actores no tienen demasiado desarrollada esta capacidad. O no miran, o no ven, o se ven a ellos mismos,... cuesta que la gente tenga un ojo que sepa hacer radiografías de lo que tiene delante y me parece que esto se debería potenciar muchísimo. Tanto en la actuación, por lo que yo empiezo a ver de como eso repercute luego en la manera de encarar un nuevo trabajo, como en la manera de leer textos. En tu caso no haces un trabajo de texto, pero aquí esta muy descuidada la manera de entrar, como actor, en el texto que vas a interpretar, pero ese sería otro tema. Paula HerrandoSin embargo lo que más grato ha sido para mi, es experimentar la experiencia de sentirme completamente concentrada, asumiendo las diferentes afectividades por las que pasaba pero pudiendo cortar, salirme y volver a entrar, sin miedo a no poder recuperar el estado en el que lo dejé. Paula Herrando


- Me acuerdo en una conversación informal al aroma de un buen café, que comentaste que te sorprendía BCN por su orden y organización, pues bien, en el apartado teatral iría bien romper un poco con ese orden. Aunque hay grandes directores/as pienso que la mayoría están del lado del autor (muchas veces ellos mismos) sin llegar a experimentar grandes cosas ni a aprovecharse de la materia prima de los actores y actrices. Muchas veces lo correcto en las buenas formas (ni que tuvieran que cumplir con las reglas aristotélicas) es lo más usual. Los procesos de creación resultan a veces aburridos y monótonos. Xavi Lite

- Para mi fue, ponerme otra vez las pilas. Últimamente estoy un poco con crisis creativa. Los directores con los que trabaje últimamente no saben como trabajar con los actores y no saben mucho como sacar partido del actor. El actor tiene que ser muy autosuficiente y esto cuesta mucho, y tienes que hacer mucho esfuerzo de autoanálisis del propio trabajo. Meritxell